Coco

COCO

En un año de mucho sentimiento anti-México, en el que el mandatario de nuestro vecino del norte no ha cesado de arremeter contra nosotros, el que una productora como la que es Pixar decida mirar hacia nuestro país para contar su siguiente historia es como una enorme bocanada de aire fresco. Incluso casi pareciera que lo hiciera como para disculparse y decir: “No te preocupes, yo sí veo todo el potencial que tienes”.

     La película es mágica por sí sola. Independientemente de si disfrutes o no este tipo de cintas, no solo pasarás un rato agradable, sino que te montarás en una montaña rusa de emociones, desde la risa hasta la tristeza (no, no lloré, aún estoy en búsqueda de la primer película que lo logre), desde la melancolía hasta un suspiro como de aquellos que dicen “todo esta bien”. Encima de ello, el presenciar COCO como mexicano brinda una sensación especial y distinta que el resto de los espectadores a nivel mundial no tendrá. Tal como dije al inicio de mi post, qué bonito que Disney y Pixar hayan volteado hacia nosotros y nos hayan rendido homenaje de esta manera.

   Lo que es verdaderamente impresionante de COCO, es el estupendo trabajo de investigación (mismo que les tomó seis años realizar) y ambientación que llevaron a cabo los realizadores. La tradición del Día de Muertos está tan perfecta y maravillosamente plasmada, al igual que las distintas locaciones inspiradas en Guanajuato, Michoacán y la Ciudad de México casi uno puede sentir que camina por nuestro país, agrégale el envolverte de ese toque de magia Disney, qué mejor. Mención aparte al gran trabajo de animación al que esta productora nos ha acostumbrado en sus entregas anteriores, en especial el de la entrañable Mamá Coco, quien pareciera cobrar vida frente a nuestros ojos con una atención al detalle en su rostro y expresiones perfecta. Cabe mencionar que, de todas las historias que nos ha brindado Pixar, esta es tan solo la tercera en la que los protagonistas son humanos (luego de “Los Increíbles” y “Up”).

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     No obstante, tengo que decir que, como todo, nada es perfecto y tengo dos “peros” para esta película. El primero es que, a diferencia del resto de las historias de Pixar, esta no la puedo sentir como totalmente original. La película me recordó en muchas ocasiones a “El libro de la Vida (2014)” y fue inevitable no pensar constantemente en ella durante el desarrollo de la trama. Quizás esta última no tenga ni tendrá la magia de una entrega de Pixar, pero a mi parecer sí siento una influencia por poco y descarada de esta película en COCO. En segundo lugar, las canciones. Estamos en el entendido de que es una historia en la que la música es un personaje importante, encima de que quien estuvo a cargo de esta labor es ni más ni menos que Kristen Anderson-Lopez. Ella nos ha mostrado lo que es capaz de hacer y nos ha regalado ya icónicas canciones como “Let it go” y considero yo que en esta ocasión su trabajo nos deja mucho que desear, ya que ninguna llega a estar ni a la mitad de lo que ha hecho antes. Así como Miguel tenía que hacer que su familia se volviera a enamorar de la música, parte de la labor era que igual el público se enamorase de esta.

Claro, esto último no quita para nada que COCO logró que me enamorara de la historia, de los personajes, de las locaciones, de México, de la tradición del Día de Muertos. Incluso, no sé a qué se deba, pero es una de estas películas que que te hacen amar a la vida misma.

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A Mexican in Paris pt. 5

Marzo 24

“We’ll always have Paris”

   -Howard Koch 

Mi último día en París. Me paro de la cama con una mezcla de sentimientos que se agolpan y arremolinan con cierta brusquedad. Siento dicha porque gocé el viaje a más no poder, siento tristeza porque se termina, siento felicidad porque lo viví, siento orgullo porque se pudo, pues fue uno de mis propósitos del año, siento nostalgia porque veo que se aleja y se volverá un recuerdo, siento esperanza porque cuando me vaya empieza la cuenta regresiva para volver.

Inicio el día en Ladurée para tener mi último desayuno tipo parisino en ese lugar que tanto me encantó. Tomo asiento y pido que no me entreguen la carta, sé claramente lo que voy a ordenar.

-Je veux du chocolat chaud, s’il vous plaît. Un croissant aux noix et un macaron au vanille. 

El mesero asiente y se retira para volver un par de minutos después con lo que había ordenado. Me saboreo cada mordida y cada trago de mi comida como si descubriera apenas mis papilas gustativas. El macaron se asienta en mi lengua y se desintegra con la saliva con delicadeza, el chocolate hace su entrada  de forma más agresiva con su alta temperatura y su intenso sabor; toda una experiencia.

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Salgo del lugar y camino sin rumbo fijo en realidad hasta que llego a Place de la Concorde. Sigo caminando hasta que me adentro en Campos Elíseos y recorro algunas tiendas, Louis Vuitton (era un must), Celio, una de discos, libros y películas cuyo nombre no recuerdo, Abercrombie (aunque no me gusta su ropa, la tienda está espectacular), entre otras.

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Me desvío un poco y camino por una de las calles cercanas. Al otro lado de la calle veo el Hotel George V. Recuerdo que mi madre me dijo que entrara a conocerlo porque le encanta. Justo cuando me dispongo a cruzar veo que una Cayenne se atraviesa entre mi destino y yo y se frena frente a mí, el conductor me saluda emocionado. Me parece extraño, pues que yo sepa no conozco a mucha gente que esté en París y menos que tenga una camioneta Porsche. Lo veo bien, aunque de lejos, y la verdad es que no me parece conocido. Soy bueno para recordar caras, la verdad. De cualquier forma, debo acercarme para atravesar hacia el Hotel, así lo vería más de cerca.

Cuando me acerco, me situó cerca de él y lo veo con mayor claridad. Era bien parecido, debo decir. No obstante, definitivamente no lo conozco.

Salut.- me dice alegremente.

-Salut. -respondo  con mala gana mientras volteo a mi alrededor.

-Est-ce que je peut te-dire une chose?

-Dis-moi. -le contesto, aún no sé qué hago hablando con él.

-Tu est trop beau. -me responde y esboza una sonrisa mientras señala el asiento del copiloto indicándome que subiera a la camioneta. Acto seguido, se muerde el labio de una manera un tanto perturbadora.

Me siento realmente incómodo y sí, siento un poco de miedo, así que opto por seguir con mi camino sin decir nada más. Me grita algo en francés que no logro identificar, pero hago caso omiso.

Entro al hotel y me quedo maravillado con su lobby. ¡Qué cosa! Luego me aparto y veo una decoración hecha de centenas y centenas de flores amarillas que por poco le resta protagonismo a todo lo que está alrededor. Me llega un aroma que emana de ellas bastante agradable. Era como si de pronto desapareciera el frío y me encontrara en pleno campo abierto en primavera.

Luego de un rato de seguir paseándome maravillado por el hotel decido salir para ir por algo de comer.

Merde! – En cuanto atravieso el umbral de la puerta, a unos escasos pasos de donde me encontraba… veo de nueva cuenta a la Cayenne, esta vez pegada a la banqueta.

Pretendo no haberlo visto y sigo con mi ruta descendiendo por la calle. De pronto percibo que la camioneta arranca, pasa lentamente a un costado mío y da la vuelta para quedar viendo hacia mí. Me detengo y cambio de sentido. En eso, vuelve a hacer lo mismo, avanza, me rebasa por un lado y da la vuelta para quedar de nueva cuenta hacia mí. No alcanzo a verle la cara, así que no puedo ver su expresión, si me persigue molesto, fascinado o qué. Veo en todas direcciones para buscar cómo salirme. Tomo una salida y acelero el paso, por fortuna, a él no le queda tan fácil alcanzarme en coche, así que lo pierdo de vista.

Vuelvo a Champs Elysées y sigo caminando mientras busco un lugar para comer, mi corazón vuelve a la normalidad rápidamente luego del pequeño susto. Camino unos pasos más hasta que de pronto veo frente a mí un Leon de Bruxelles. No lo pienso dos veces, así que entro y tomo asiento. Claramente vuelvo a pedir mi cubeta de mejillones con papas a la francesa, esta vez preparados de distinta manera, ordeno mi cerveza y de postre un waffle belga, qué comida tan deliciosa. Nuevamente se me hace agua la boca mientras redacto estas líneas y la recuerdo.

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Luego de mi estupenda comida vuelvo a caminar por Champs Elysées mientras me paseo por un par de tiendas y compro una que otra cosa. En cuanto me acerco al Arco del Triunfo doblo a la izquierda en una calle y continúo todo derecho hasta que finalmente llego al que se volvió mi spot preferido junto con el puente de Alejandro III, sí, Trocadero.

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Me siento en un espacio que encuentro y me dispongo a ver la torre Eiffel. Unas cuantas gotas de lluvia caen sobre mí, a diferencia del día tan perfecto que hizo el otro día ahí mismo, pero no me importa. Bien dirían que un día lluvioso en París es mejor que un día soleado en muchos lugares. Respiro hondo mientras el día grisáceo y esa sensación de que mi viaje se me escapa de las manos me llenan de melancolía pura. Paris je t’aime –digo para mis adentros en medio de un suspiro. Miro a mi alrededor y me dedico a observar a la gente cercana que nos acompaña a la torre y a mí en ese momento tan cercano y tan íntimo. Mi alrededor crea una imagen muy cinemática, como si me encontrara en una película de antaño de Audrey Hepburn o Brigitte Bardot.

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Entre todas las personas que veo; honeymooners, turistas, familias pasando el rato, parejas tomándose fotos, personas sumergidas en sus libros o su música, personas sofisticadas paseándose de un lado a otro muy à la parisienne, un par de mujeres portando su hiyab (claro que no eran las primeras ni las últimas que vi en París), me detengo a pensar en estas últimas. Respiro hondo. No me malinterpretes apreciable lector, pero debo decirlo. Me parece triste darme cuenta de que Francia está perdiendo su identidad. La cité de l’amour, en donde nos enseñaron lo que es un beso francés, en donde las mujeres han inspirado algunos de los poemas más hermosos, en donde ellas son iguales a los hombres, en donde pueden ir a un costado del Sena portando un vestido corto de flores, donde pueden decidir si trabajar o no, si casarse o no, si tener hijos o no, donde hay hombres que aceptan y celebran conjuntamente todo esto; se está llenando de mujeres en hiyabs y de hombres que piensan que las mujeres deben usarlo. Esto último está haciendo que toda esa hermosa esencia de la France, se esté perdiendo. Esto no es Francia, esto no es París, esto no es Europa. Me parece triste, verdaderamente triste. Tal como dirían los franceses “La République se vit à visage découvert” (La República se vive con el rostro descubierto). No soy islamofóbico, pero “tierra que fueres, haz lo que vieres”. Hay una frase famosa que bien dice: “Llega un punto en el que la tolerancia deja de ser una virtud”. Esta aplica si el que Europa deje entrar a los musulmanes implique la pérdida de su cultura y de su identidad. El Islam y occidente nos son compatibles… En fin, no desarrollaré este tema por aquí, creo que es más bien tema para un cafecito.

À bientôt– Me despido de la torre Eiffel mientras le doy un último vistazo a esta y a los parisinos paseándose cerca, absorbo por completo esta imagen de película clásica, incluso el día nublado ayuda a que lo visualice como si estuviera en blanco y negro.

Doy media vuelta para seguir mi camino. Atravieso el puente de Alejandro III y permanezco ahí otro rato para empaparme del lugar. Escudriño el lugar con la mirada y tomo una fotografía mental para guardarla en mi memoria para siempre. En mi Ipod se escucha a propósito  “Chasing Cars” de Snow Patrol, mi favorita, misma que me pone en un estado zen imperturbable.

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Qué envidia me dan ahora los que conocen París por primera vez. Sonrío. París ya no es una idea o un sueño, ya es una memoria, un recuerdo que cargaré por siempre. París ya no es una imagen que he creado a través de películas, quotes o fotografías; esta ya es parte de la película de mi vida y yo ya soy parte de esas fotografías que tejen la historia de este lugar. París ya no es una serie de anécdotas de un tercero, ya es una vivencia que experimenté con todos mis sentidos, ya vi sus maravillas, probé sus sabores, escuché sus sonidos…

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¿Dónde será mi siguiente aventura? Solo el tiempo lo dirá.

A Mexican in Paris pt. 4

Marzo 23

“He who contemplates the depths of Paris is seized with vertigo.
Nothing is more fantastic. Nothing is more tragic. Nothing is more sublime.”

-Victor Hugo

Me levanto tan pronto sale el sol y me dirijo a la estación del metro. Sigo la recomendación de la concierge, quien me indicó previamente la ruta más rápida para llegar a Montmartre y así ir a Sacré Coeur, otro de los puntos obligados del viaje. Subo los múltiples escalones para llegar a la cima al ritmo de “Le jour qui se rêve” de Matt Pokora, quien me doy cuenta de que ha sido un gran acompañante para el viaje.

Claro que es impresionante, lo es, pero no sé por qué Sacré Coeur no me mueve o provoca como siento que debiera hacerlo, debo decir. Recorro el interior pausadamente y me dirijo a la tienda para comprar un detalle que me encargó mi madre de ahí y, de paso, reponer la medalla de mi abuela que perdí en algún lugar de Italia. Desafortunadamente se encuentra cerrada. Espero un poco más para ver si abren la tienda y al ver que no es así decido continuar con mi recorrido.

Salgo de la Basílica y respiro hondo mientras me quedo observando la maravillosa vista que tengo de París desde ahí, desde lo alto. No me quiero ir nunca de aquí, pienso para mis adentros. En este momento se escucha “Thankful” de Josh Groban en mi Ipod. Siempre me gusta ponerla en mi playlists de mis viajes, pues la letra siempre me hace reflexionar mucho sobre lo agradecido que estoy con mi vida, sentimiento que se intensifica cuando estoy en spots o momentos como este.

Tomo el metro nuevamente y me dirijo a la gran Opera Garnier. Después me dirijo a Galerías Lafayette y Printemps para darme una vuelta aunque sabía que no compraría nada por ahí. Saliendo me paseo por un par de tiendas cercanas y me compro en Benetton un saco del que me enamoré a primera vista.

Me dirijo posteriormente al puente Alejandro III. Tengo una fascinación por los puentes que desconocía hasta que vine a París, así que esta era una parada obligada para el viaje. Claro que no hay comparación, de los múltiples puentes que atraviesan el Siena, este es el más impresionante de todos. Esta es una de las tantas cosas que me parecen tan fascinantes de París, en cuanto construyeron la ciudad cuidaron hasta el más mínimo detalle en todo, absolutamente todo. Todo es perfecto, todo es hermoso.

Permanezco un rato contemplando la maravillosa vista que se extiende frente a mí, siento tanta paz. Es curioso como en cada lugar al que voy y se hace especial para mí tengo una especie de spot así como en New York aquella roca que se erige a orilla del lago de Central Park, o en Walden el punto en el campo de golf donde veo el atardecer, parece que en París acababa de encontrar el mío… ¿o será aquel en Trocadero? Difícil decisión.

Termino de cruzar el puente y sigo con mi recorrido, me dispongo a ir por algo de comer. Casi instantáneamente comienza a llover. Afortunadamente esto sucede luego de que termine de tomarme mis fotos, las cuales según yo serían las más representativas del viaje., estoy contento con el resultado. Trato de abrir mi paraguas sin éxito alguno –merde!- digo para mis adentros, no se abría. Lo intenté un par de veces más y simplemente no pude (cabe mencionar que regresando a México este abrió sin problemas). Aguarda, me quedo pensando, ¿será esto una señal de que debo comprarme el paraguas que vi en el Museo d’Orsay?, ¿ese de la pintura de Van Gogh? No lo pienso más y decido tomarlo como señal de que sí, así que me voy al museo, el cual no estaba tan lejos y finalmente me lo compro para así poder combatir la lluvia elegantemente.

Luego de un rato me siento finalmente a comer, ordeno una copa de vino tinto y unos escargots que acompaño con un croque madame y una tartine aux pommes de postre. Tomo el mapa y defino la mejor ruta para mi siguiente punto, Jardin du Luxembourg. Estos jardines tienen una historia curiosa pues al principio ni planeaba ni se me antojaba ir. En una conversación con Ben ya estando en París, él me dijo que fuera, a lo que yo le respondí que no se me antojaba nada. Él me insistió diciendo que valían la pena y que me iban a gustar, así que finalmente accedí solo por él y los acomodé para ir este día.

Luego de caminar unas cuantas cuadras llego finalmente a los jardines. Recuerdo que lo primero que me llama la atención es el silencio que reina en el lugar, como si se tratara de un lugar solemne. Me quito los audífonos para sentir que me volvía parte realmente del lugar. Odio decirlo, pero Ben tenía toda la razón, lo segundo que llama mi atención es la belleza del lugar. Frente a mí se extiende una explanada en la que abunda el color verde del césped y los árboles perfecta y cuidadosamente preservados. A mi costado derecho se erigen imperiosamente los muros del Palacio.

Sigo caminando tranquilamente y luego de un rato me siento a descansar un poco sin dejar de mirar alrededor. A unos pasos de mí hay una pareja tomándose fotos a orillas del estanque, a un costado hay dos amigas bebiendo un café tranquilamente; todos cooperan y son parte del silencio y la serenidad del lugar. Ben, si lees esto muchas gracias por la recomendación/insistencia del lugar, totally worth it.

Al salir de los jardines me dirijo inmediatamente a la Sorbona. Me paseo por los alrededores buscando la facultad de derecho. Poco después entro a una pequeña tienda de libros y me compro mi Constitución Francesa para mi colección. Sí, aprovecho para decir que colecciono constituciones de todo el mundo, así que si tú lector puedes apoyarme con un ejemplar de algún lugar que visites, mucho te lo agradeceré, obvio te la pago.

Me encuentro de nuevo caminando por la calle, listo para atravesar el río Siena una otra vez.

-Est-ce que tu as trouvé ton hôtel sans problème? -escucho a mis espaldas

Me volteo sorprendido y me sorprendo aún más en cuanto veo que se trata de Amélie. Me parece bastante curioso, qué coincidencia.

-Salut! -le digo con cierta agitación -Oui bien sûr! Merci beaucoup! 

-Parfait! -me responde mientras seguimos caminando juntos por dos o tres cuadras más hasta que finalmente ella se encuentra con una amiga y nos tenemos que despedir.

Atravieso el Siena y me dirijo a Pompidou. Es como si hubiera atravesado una especie de portal, de pronto se siente una energía completamente distinta, el ambiente y la gente se respira bastante distinto. Permanezco un rato escuchando a dos chavos tocando música mientras una pequeña multitud alegre se apea a su alrededor para escucharlos.

Entro a un bar frente al centro Pompidou, el cual estaba lleno de gente y se respiraba un ambiente bastante agradable. Me tomo una copa de vino tinto y me quedo un rato ahí para absorber aunque fuera una parte de esa energía tan electrizante y vigorizante que se respiraba. Hay quien dice que los franceses han perdido la joie de vivre luego de los ataques perpetrados por parte de ISIS. Yo creo que no es cierto, tal como ellos decían luego del ataque el 13 de noviembre de 2015: Nous n’avons pas peur! Y tal cómo dice la canción ” Le vide” de Slimane:

“Alors on danse encore,

Sur les mêmes musiques, les mêmes pas.

On s’embrasse on s’embrasse encore plus fort,

Comme si c’était là la dernière fois…”

No fue solo lo que vi esa noche en ese momento, sino la suma de lo que llevaba en todo mi viaje, siendo este momento la cereza del pastel, lo que me hizo pensar en esto, la joie de vivre aún vive en los franceses. Quizás es diferente, porque yo no vivo ahí, pero yo no vi miedo, no vi falta de ganas de vivir, de vivir la France. Lo siento ISIS, solo has logrado que la gente viva, baile, ame y bese más intensamente…

Camino un rato más y encuentro un lugar en el que se respiraba también un ambiente amigable y vigorizante, pero más cálido para cenar. Me siento completamente exhausto y ordeno algo. A un costado se sientan unas amigas que hablaban en italiano, no puedo evitar hacerles plática. Les comento que estuve en sus tierras la semana pasada y de pronto siento una añoranza por Italia como si recordara a un ex amor luego de oler su fragancia en.  una avenida. Todas las imágenes de Roma, Bologna, Verona y Venecia transcurren velozmente por mi cabeza, las siento tan lejanas pero tan cercanas. El escuchar el italiano despierta con ligereza a ese yo que en otra vida vivió en Italia, que aún permanece en una parte de mí, no sé si en mi mente, en mi memoria, en mi conciencia, mi espíritu o mi alma.

Arrivederci! -se despiden ambas con gran amabilidad en cuanto me levanto de la mesa dispuesto a irme.

Abro mi paraguas y me dispongo a volver al hotel. Camino lentamente mientras una espesa lluvia se cierne sobre mí, me cuesta ver por dónde voy, pero ando con cautela. Las gotas son cada vez más grandes y pesadas y mi andar más desidioso. No llores por mí París. ¿Será que acaso llora porque mañana es mi último día?

… continuará…

A Mexican in Paris pt.3

Marzo 22

“Si no tienen pan, que coman pasteles”.

             -María Antonieta

Paso a Ladurée y pido mi desayuno para llevar. Esta vez escojo el macarron au vanille, el cual se vuelve mi favorito instantáneamente. Me siento un rato en Jardin de Tuileries y en cuestión de un instante me termino mi comida. Recuerdo que hace frío, aunque por fortuna, el cielo está despejado.

Me había quedado de ver con JuanFra a primera hora de la mañana para irnos juntos a Versalles. Después de llevar ya un par de días viajando solo me sienta bien poder tener alguien con quién platicar y compartir el día. Me dirijo a paso veloz a la estación del metro en el Museo d’Orsay, nuestro punto de encuentro. Luego de llegar, llega él al cabo de unos minutos. Es curioso cómo es común que jamás coincides o te puedes poner de acuerdo para ver a alguien que vive en tu mismo país y de pronto todo se acomoda fácilmente para verse al otro lado del mundo.

Compramos nuestros boletos del metro y nos dirigimos rumbo a la parada de Versalles. Los casi 40 minutos de trayecto transcurren velozmente mientras platicamos cada uno de nuestros respectivos viajes y nos ponemos al corriente.

Llegamos a Versalles y nos dirigimos de inmediato al palacio. Hay una fila inmensa, misma que nos toma poco más de una hora terminar. No obstante, el recorrido empieza desde antes de entrar, pues el encanto y la soberbia del lugar te envuelven y te abruman desde ese instante. Miro a mi alrededor y no doy crédito a lo que veo.

En cuanto entramos me quedo todavía más pasmado por todo lo que se cierne sobre mí, es tanta riqueza, tanto poder y tanta belleza, que me cuesta asimilarlo todo; incluso hasta llega a cansar ver tanta perfección. Nos paseamos por los pasillos, las habitaciones y los rincones, en donde cada uno es más impactante que el anterior, acompañados por una multitud que también mira hacia todos lados embelesada y abrumada por lo que sus ojos observan. Ni siquiera los libros de fotografías o las clases de historia universal o de historia del arte te preparan realmente para lo que vas a presenciar en cuanto a belleza y riqueza en Versalles se refiere. Claro que ahora entiendo aún más por qué la monarquía terminó como terminó, era increíblemente excesivo el derroche y la arrogancia de esta.

Pasamos por una sala en donde reposa sobre una de las paredes un inmenso cuadro de Luis XIV, el cual toma total protagonismo de la habitación. Recuerdo que hace solo un par de días leí sobre esa pintura en mi libro que me traje a mi viaje, “De animales de dioses”. Este habla del retrato haciendo mención de cómo la masculinidad o la feminidad son algo preponderantemente cultural y no otra cosa, ya que este personaje fue considerado en su época una viva representación de la virilidad. Si nos fijamos bien, este porta una vestimenta color rosa y tacones, así como también tiene la mano en la cintura, cosas que hoy en día significarían algo completamente opuesto a la masculinidad.

Recuerdo que las dos habitaciones que más me cautivaron dentro de todo el castillo fueron La Sala de Guerra y, por supuesto, La Galería de los Espejos (este último todavía más). ¡Qué belleza! Recuerdo que mientras me encontraba ahí observando maravillado mi alrededor, casi pude experimentar cómo a mi alrededor se aparecían figuras danzantes moviéndose de un lado para otro con trajes típicos del siglo XVIII, algo así como lo que le pasa a Anastasia cuando entra al palacio de San Petersburgo.

Saliendo del palacio nos dirigimos a los jardines, que era de lo que más ansiaba conocer. Claro, creo que ya sería repetitivo decir que nuevamente quedé pasmado y maravillado con estos, sobretodo con las fuentes, ¡qué cosa!

Compramos algo para comer y nos sentamos un rato para descansar y platicar. Luego de un rato, el clima cambia drásticamente. Llega una ráfaga de viento que azota con cierta violencia al tiempo que a la distancia se ve una nube negra que se aproxima con cierto tono amenazador. La gente se ve obligada a regresar al interior del palacio antes de que la situación empeore, nosotros hacemos lo mismo. ¡Hay tanto que me faltó de conocer de los exteriores de Versalles! Ni modo, ya hay excusa para volver.

Tomamos el metro de vuelta a París en donde se puede decir que el clima está un poco mejor. Caminamos un rato y después decidimos pasar a tomar un café para contrarrestar el frío y el cansancio. JuanFra pide un capuchino, al igual que yo. Luego leo bien la carta y decido mejor aventurarme a pedir algo diferente, así que opto por un grog , una bebida que estaba en la clasificación de vinos calientes. ¿Qué podía salir mal?

Debo decir que tomé la peor decisión, aquello que pedí sabía a madres, no es broma, sabía a Vick Vaporub. Claro que JuanFra estaba muerto de la risa, porque ni siquiera me era posible ocultar mi gesto de desaprobación al ingerir esa bebida totalmente desagradable. Incluso hay un video en donde le doy el último sorbo, mismo que incluyo aquí abajo (acabo de descubrir que se pueden subir videos aquí). Afortunadamente, a estas alturas ya me las había arreglado casi por completo para ocultar mi expresión de desagrado.

Tras platicar un rato nos vamos del lugar y nos despedimos para cada uno seguir con nuestro rumbo. La noche acababa de caer y comienzo a sentir un poco de hambre. Desde la mañana ya sabía dónde cenaría, por lo que me había dado a la tarea de investigar dónde estaba el lugar y, aprovechando que ya estaba cerca, me dirijo ahí de inmediato. Desde antes de emprender este viaje, mi buen amigo Raúl me recomendó un lugar y un platillo, que desde que lo hizo, se me hizo agua la boca de solo imaginármelo. Al cabo de unos minutos llego a Leon de Bruxelles. 

Me siento en mi lugar y no puedo esperar más, pido una botella de vino rosado y, siguiendo la recomendación de Raúl, un platillo que consiste en una cubeta de mejillones, elijo la preparación según la sugerencia de la mesera, junto con una generosa porción de papas a la francesa. No bueno, qué cosa, qué cena tan exquisita. Se me hace agua la boca solo de recordar el fuerte sabor del mejillón el cual se intensifica aún más con la adición del blue cheese y unas atinadas notas de vino blanco. Alterno el apabullante sabor con las papas a la francesa y una vez que me termino los mejillones, vierto las papas sobre la cubierta para que se mezclen con lo que restaba de vino y queso en la cubeta. Oh, mon dieu, c’étaient excellentes! Tendré que repetir sin duda alguna. Si lees esto, muchas gracias por la recomendación Raúl. Qué manera tan excelente de cerrar el día.

… continuará…

A Mexican in Paris pt. 2

Marzo 21

“Just add three letters to Paris, and you have paradise”

                                      -Jules Renard

Fue un día perfecto en toda la extensión de la palabra. Uno de esos que podría repetir por toda la eternidad. Si bien en todo mi viaje la pasé excelente y fui inmensamente feliz, el día de hoy fue increíble de una manera especial.

Me dirijo primeramente a la Île de la Cité para comenzar el día. Se me hace temprano así que espero unos cuantos minutos para poder entrar a la Sainte Chapelle. En cuanto abren las puertas avanzo y me abro paso ansiosamente para poder entrar lo antes posible. Desde que analizamos esta capilla en mi clase de historia del arte he añorado verdaderamente el conocerla.

En cuanto entro finalmente siento algo que no puedo describir. Me quedo súbitamente impactado por la belleza del lugar. Siento mi espíritu agitarse. La luz se cuela por los gigantescos vitrales que se erigen imperiosamente a mi alrededor de una manera tan sublime y tan… celestial, no lo sé. Es perfecta, una caricia al alma. Podrá escucharse exagerado o cursi, pero la manera en la que se ilumina el lugar debido a la intensa luz que conceden estos vitrales me hacen sentir como si fuera la entrada al cielo. Así me la imagino ahora.

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Al mismo tiempo que yo entra una mujer, no sé de dónde era, pero no francesa. Recuerdo que alza la vista y llora, simplemente llora maravillada por la belleza que nos rodea. Adicionalmente reina un silencio que hace la experiencia más hermosa aún, tanta solemnidad, tanta paz. Se me eriza la piel. Siento ganas de llorar también, pero no lo logro, es como si todo lo malo desapareciera de pronto. Me pongo a pensar en lo mal que está la humanidad hoy en día y en todo el daño que es capaz de hacerle un ser humano a otro. Luego veo este lugar creado por el hombre y me devuelve la fe en la humanidad. Somos capaces de crear cosas hermosas también.

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Salgo del lugar bastante conmovido por la “experiencia religiosa” que acabo de experimentar y me dirijo a Notre Dame. Veo el exterior y se me eriza la piel, la cual aún no volvía a la normalidad luego de la Sainte Chapelle. Es hermosa también, no lo puedo creer. ¡Cuánta belleza en tan pocas cuadras de distancia!

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Me dirijo al interior y observo mi alrededor. Es impresionante, claro que lo es, vamos, es Notre Dame, pero luego de haber ido a la Sainte Chapelle, el interior de Notre Dame me parece poca cosa debo admitir. Mientras que la primera es el triunfo de la luz, esta última sigue siendo oscura e incluso un tanto tétrica a mi parecer.

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Camino a un costado del río Siena mientras volteo hacia todas partes para no perderme nada, absolutamente nada de lo que pasa a mi alrededor. En eso, una ráfaga de viento helado me golpea y mi mapa sale disparado con esta, el cual se pierde de inmediato de mi vista.

-¡No! ¡Putain! -Espero esto no haga que se me dificulte llegar a mi siguiente destino, pienso para mis adentros.

Afortunadamente no es así y encuentro el Museo d’Orsay en pocos minutos. Hago la fila y de nueva cuenta me ahorro el boleto por llevar pasaporte de la unión europea. Al entrar veo maravillado el museo que se extiende frente a mí. Me es fácil imaginármelo cuando era una estación de tren años y años atrás.

Lo primero que capta mi atención es un cuadro que me pareció realmente hermoso, “El nacimiento de Venus” de Bouguereau. Si bien siempre me ha encantado la obra con el mismo nombre de Sandro Botticelli, y no hay que compararlos porque son artistas y estilos completamente distintos, esta versión me pareció verdaderamente sublime y perfecta, ¿o no?

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Recorro el museo con cierto detenimiento y me voy enamorando más y más de este. Poco antes de irme entro a una exposición temporal que hablaba del hombre y la naturaleza. Esta ofrecía un recorrido interesantísimo de cómo distintos artistas retrataban distintos aspectos del mundo en el que vivimos, bosques, mares, cielos, espacio, etc… Me pareció interesante cómo cada uno tiene una manera de ver y apreciar las cosas tan distintas. Más hacia el final me topo con una de mis obras favoritas, Noche Estrellada Sobre el Ródano de Van Gogh. Permanezco observándola y analizándola mientras me dejo envolver por ella. Casi puedo sentirme caminando bajo ese cielo de intensos tonos de azul y grandes estrellas.

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Me dirijo a la tienda de souvenirs donde amablemente me regalan otro mapa de París. Encuentro un paraguas increíble de esta última pintura de Van Gogh. Me debato si me lo llevo o no ya que está un poco caro. Decido dejarlo y al final según vaya de presupuesto veo si lo compro o no. Salgo del museo y veo que acaba de llover, afortunadamente todo tocó mientras me encontraba dentro. Me adentro en los callejoncitos para dirigirme a mi siguiente destino, el museo Rodin. Les recuerdo que junto con Bernini es mi escultor favorito.

El museo es una majestuosa casa de estilo francés que se erige en medio de un jardín tan acogedor que resulta ser igual de imperioso a la vista que la  construcción. Algunas obras del escultor tales como La Puerta del Infierno, Los Tres Adanes o El Pensador, se encuentran diseminadas por todo el lugar.

Me atreveré a decir algo. Se dice que fuera de Francia, el lugar en donde más obra de Rodin hay, es en el Soumaya en México. Así que, luego de acudir a este último, el Museo Rodin pierde cierta admiración, pues parte de la obra ya la podemos presenciar en nuestro país. Claro que aquí el valor agregado son la hermosa casa y el jardín. Ne me tue pas, mon cher Rodin. 

Miro mi mapa, me alegra poder haberlo recuperado, y encuentro la ruta para mi siguiente destino, el cual se encuentra bastante cerca. Al tiempo que llega el crescendo de “Heaven” de Troye Sivan doblo en una esquina y ahí la veo, la Torre Eiffel, misma que se erige con gran soberbia restándole importancia a todo lo que está a su alrededor. Debo decir que sí sentí algo que no puedo describir en el momento en el que la vi, una sacudida en el cuerpo entero. Aquel icónico monumento que solo conocía en fotos, películas o postales ya estaba frente a mí pronto a convertirse en una imagen que cargaré en mi memoria para toda mi vida. Qué sensación tan increíble, de verdad. Qué envidia me dan ahora los que van a París por primera vez.

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Mi compañerita de trabajo Daniela me había dicho que la mejor vista de la torre es la que ofrecen los jardines de Trocadero, así que hice caso y me dirigí hacia allá. De igual manera, me dijo que el mejor lugar para presenciar el atardecer era desde ahí. Teniendo esto en cuenta había planeado mi día de modo que este momento del día transcurriera mientras estoy ahí. Quien bien me conoce sabe lo que son las puestas de sol para mí.

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Me tocó que el sol se pusiera del otro lado, no del de la torre. No obstante, el atardecer tiñió los alrededores de sus mejores colores, así que la escena frente a mis ojos era perfecta. Tuve un momento zen muy intenso, no solo la imagen que veía era perfecta, sino que el momento también lo era y aunque a veces uno no se da cuenta, descubrí que mi vida también. Supongo que los viajes sirven para esto, para analizar nuestra vida desde fuera, como si fuéramos un tercero y poder analizarla desde otra perspectiva más objetiva. Así que sí, me di cuenta o reforcé que mi vida, con sus cosas buenas o malas, es perfecta. Gracias, gracias.

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Al terminarse de poner el sol me voy corriendo lo más rápido que pueda al Arco del Triunfo. Mi compañerita Daniela me había dicho también que la mejor vista de París es la que se tiene desde ahí, pero quería presenciarla con la paleta de colores del atardecer, el mejor pintor de todos, por eso corría. Alguien más me dijo que la mejor vista era la de la torre Eiffel, pero esa no quería presenciarla solo, sino con esta persona.

Llego al Arco del Triunfo y los colores del atardecer están en su máximo esplendor, como si me hubieran esperado a que estuviera ahí. Tomo el elevador y en unos segundos me encuentro en la cima. En mi Ipod se escucha el enérgico coro de “J’attendais” de M. Pokora mientras batallo por recobrar el aliento luego de correr un par de cuadras y que la vista tan impresionante me robara parte de lo que me quedaba.

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Highlight del viaje sin duda, y no solo del viaje, sino de mi vida entera. Jules Renard tenía razón, solo quítale tres letras a París y tendrás P A R a d I S e.

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… continuará…

A mexican in Paris pt. 1

Marzo 20

“Paris is always a good idea”

                                   -Audrey Hepburn

Y ahí estaba yo, luego de 25, casi 26 años de ansiar conocerla; finalmente en París. Mi cansancio luego de 15 horas de trayecto en tren se esfuma de inmediato en cuanto tomo noción de ello.

Salgo de la estación de tren, me embarga una sensación de bienestar y felicidad que no logro describir. Es imposible no haber escuchado ya mil y un quotes, comentarios, opiniones y demás de París, así que claro que uno ya viene con una expectativa alta de este lugar, muy muy alta tendría que decir. Esto último puede ser bastante peligroso, aún más para los románticos o los que tenemos buena imaginación. ¿Cumplirá París las expectativas que se han erigido con todas aquellas historias, fotografías, películas y frases? Eso estaba por verse.

Bonjour, comment est-ce que je peux arriver à la Siene? -digo a una jovencita que se detiene cerca de mí.

Se voltea sonriente y me explica cómo llegar al río Sena, el cual necesitaba como referencia para llegar a mi hotel.

Merci. -le digo agradecido por su amabilidad mientras Amélie me devuelve la sonrisa y sigue con su camino. En realidad nunca me dijo su nombre pero así decidí llamarla.

Al cabo de unos minutos llego finalmente a mi hotel, el cual se encontraba a una cuadra del Jardin des Tuileries. Dejo mis cosas y me dispongo a iniciar mi día. Lo primero que hago es una visita obligada por recomendación de mi madre, desayuno en Ladurée.

Tomo mi asiento mientras me dispongo a contemplar mi alrededor, los muros, la moldura, las lámparas y la gente. Yo sé que son países totalmente diferentes y no tendrían por qué parecerse, pero en verdad que qué diferentes me parecen los italianos y los franceses. Me encanta el aire sofisticado y soberbio que desdeñan estos últimos.

Pido el chocolate caliente, un must que me recomendó mi madre, lo acompaño con un croissant aux noits y un macarron au caramel au beurre saulé. Oh-là-là, excelente. Este desayuno más dulce que nada se vuelve uno de mis primeros flashazos de París y el primer sabor que obtengo de ella.


Salgo a caminar y me paseo por Place Vendôme, luego atravieso Jardin des Tuileries para dirigirme hacia mi siguiente destino, el Museo de Louvre, que como bien saben, es uno de los imperdibles de París. Para un amante del arte como yo, el acudir a este museo no es cualquier cosa. El estar frente a este me produce algo en el interior, me mueve un je ne sais quoi.

Afortunadamente, la inmensa fila de personas transcurre veloz así que de un momento a otro ya estoy dentro del museo, enseño mi pasaporte y entro sin hacer la fila para los boletos. Bien, ¿y ahora qué? Lo cierto es que el Museo de Louvre es para toda una vida y resulta imposible recorrerlo como se debe en un solo viaje. Derivado de lo anterior, yo ya sabía que lo que haría sería tomar un mapa y seleccionar las salas que más me llamaran la atención, ya habrá suficiente vida para el Louvre. Asimismo, mi misión era palomear el presenciar en vivo y a todo color las 5 obras que más ansiaba conocer del museo.

1.- La Venus de Milo

2.- La Victoria de Samocracia

Debo decir que es una de las obras que más me ha impactado poder presenciar en vivo y a todo color (aunque ninguna le ha ganado a lo que experimentè con “Retrato de Adele Bloch-Bauer” de Klimt”.

3.- La Monalisa

Aunque claro que resulta impresionante el presenciar esta obra tan reconocida a nivel mundial, no me parece tan espectacular, ni tampoco creo que sea de lo mejor de Da Vinci. No obstante, claro que era un must tener que conocer el retrato de la mujer con la enigmática sonrisa.


4.- La Libertad Guiando al Pueblo de Eugène Delacroix

Simplemente wow.


5.- La balsa de la Medusa de Théodore Géricault

Salgo del museo luego de unas cuantas horas, no sé cuántas en realidad, pero me da esa curiosa sensación de que el tiempo en parís se había detenido por el tiempo que estuve dentro. Hace demasiado frío, mucho más que el que había experimentado en Italia, con el cual bastaba solo un buen suéter y listo. Me veo obligado a comprar un gorro porque sentía que no aguantaría mucho tiempo más.

Me doy cuenta de que se me olvidaron mis audífonos en el hotel así que no me queda más que dejarme acompañar por los sonidos de la ciudad. A diferencia de Italia, el francés no se escucha como el italiano, con gente parloteando por lo alto por las calles, haciendo que el idioma pareciera ser parte del ambiente, en París la gente camina y deambula más ensimismada y absorta en sus pensamientos. Escucho el Siena correr como un susurro casi imperceptible, uno que otro taconeo de una mujer elegante pasando a un costado y alguna conversación en un volumen sutil de los que se pasean cerca de mí, que con facilidad se pierde con el viento que circula a mi alrededor; y así se forman las primeras notas que escucho de París.

Llego a la zona de Saint-Germain y me dirijo a la tienda de “El Principito” para comprar un regalo especial. Me siento abrumado por todo lo que hay de este fantástico personaje, me quiero llevar todo.

Luego de un rato salgo de la tienda y me paseo por los restoranes y bares de la zona en donde finalmente escojo un sitio y me siento para comer/cenar. Ordeno una copa de vino tinto, un croque monsieur y unos escargots (los amo). Yo sé que no tendrían por qué parecerse, pero qué diferentes son los sabores de Italia y París. Mientras que en el primero, entre sus sabores abunda el tomate, el cual es lo primero que exalta al paladar y seduce a la lengua de una manera única como si fuera toda una musa para un artista, en el segundo, aunque también intensos, los sabores son más sobrios y astringentes.

La noche cae de pronto, lo que anuncia que se acerca el fin de mi primer día. Camino por unas cuadras hasta que, sin esperarlo, me topo con el icónico puente de los candados. Ya había cumplido mi ritual romántico en Italia al sobarle la boob derecha a Julieta, así que tenía que hacerlo ahora en París, “La ciudad del amor”. Compro un candado y anoto sobre este las iniciales respectivas. Encuentro un lugar para ponerlo y lo beso antes de sujetarlo sobre el barandal. Sonrío. Me dirijo a la mitad del puente y lanzo las llaves, mismas que veo descender hasta caer sobre el río y hundirse hasta perderse de mi vista.

Sonrío otra vez porque tengo la sensación de que me espera un día fascinante al día siguiente (resultó que no estaba para nada equivocado). Sigo caminando por la zona sin ningún rumbo en particular, lo único que quería era empaparme de París, respirarlo y dejar llenar mis pulmones de ella, que su clima y su ambiente que desdeña romanticismo y pasión se adueñara de mi piel, que lo que siempre imaginé de este lugar se convirtiera en vivencias y recuerdos reales; y así dejar que llenara mi corazón también.

 … continuará…

13 Reasons Why

A continuación, les comparto una lista de 13 reflexiones o pensamientos que tuve luego de ver “13 Reasons Why”. Pienso que es una serie que debe de verse derivado de que ofrece una cruda reflexión sobre el bullying, el abuso sexual, los problemas de la adolescencia y el suicidio en sí. Lo anterior independientemente de si uno disfruta y se clava con la historia o no. Sin duda alguna, esta historia da mucho para hablar y debatir. Es una serie que sin duda te dejará pensando y reflexionando por un par de días. Bueno… aquí van:

1) La gente que comete suicidio se siente real y verdaderamente sola. Yo, en lo personal, creo que por más solo que uno pueda llegar a sentirse, uno nunca jamás lo está del todo.

Así que si tú, si tú que estás leyendo esto, alguna vez te sientes solo o sola, te conozca o no, el que está escribiendo estas líneas estará dispuesto a escucharte. NO ESTAS SOLO. Adicionalmente, incluyo aquí un número de contacto para la prevención del suicidio en México 5255 46313300 y Estados Unidos 1 800 273 TALK (8255).

De igual manera, hay que estar siempre atento a las señales, siempre pendiente de la gente a nuestro alrededor. En el caso de esta serie, si alguien hubiera puesto atención al comportamiento de Hannah, hubiera sido posible descubrir sus intenciones en tiempo oportuno.

2) Qué diferencia hubiera causado en la vida de Hannah si alguien se hubiera acercado a decirle “te quiero”, “qué bien te ves hoy”, “me gusta tal o tal cosa de ti”, “perdóname”, “te necesito” o algo así. Por lo tanto, si ves algo bueno o bonito en alguien, DISELO. Unas sencillas palabras como estas pueden hacer una gran diferencia en la vida de alguien.

3) El bullying cibernético ha llegado a niveles estratosféricos llegando ya a ser mortal, así que si recibes una foto o video que atente contra la integridad, vida privada o reputación de una persona, NO LO VEAS, y mucho menos, NO LO COMPARTAS.

4) Si te ofrecen contarte un chisme de una persona, plantéale a esta  los tres filtros de Sócrates i) ¿lo que me vas a decir es cierto?, ii) ¿lo que me vas a decir es bueno?, iii) ¿lo que me vas a decir es necesario? Si lo que te van a decir no es cierto o bueno o necesario, no aceptes recibir la información. Esto mismo aplica si tú eres el que piensa divulgarlo.

5) El abuso sexual es un tema verdaderamente serio y este sucede más de lo que crees. Si presencias o experimentas cualquier tipo de abuso, por más “insignificante” que sea, denúncialo, no te calles. De igual forma, ten en cuenta que lo que determina un abuso radica en un “sí” o un “NO”. Un “NO” siempre va a significar eso y si una persona no puede manifestar plena y conscientemente su voluntad, esto significa un NO también.

6) Es increíble la manera en la que podemos hacerle daño a alguien sin que nos demos cuenta de ello. En muchas ocasiones esto es de manera plenamente inconsciente y sin ánimo de hacerlo, pero de una forma u otra estamos haciendo que alguien pase un mal rato.

7) En relación al punto anterior, puede sonar brusco y en contravención a lo que propone la serie, pero nosotros no podemos hacernos responsables de cómo y cuánto le afectan a los demás las cosas que hacemos (claro, siempre y cuando no se las hagamos a ellas directamente). Por ejemplo, claro que Jessica fue una bitch al andar con el mejor amigo y luego el ex-crush (sé que es algo un poco más complicado), de la que se supone que era su amiga, pero no estaría tan de acuerdo en que esto la haga responsable del suicidio de Hannah.

8) Creo que deben existir sanciones mucho más severas para los pubertos, preparatorianos y universitarios que practiquen bullying. No hablo de sanciones escolares, que tristemente son las que se ejercen generalmente, sino penales. El bullying produce secuelas de varios tipos a la víctima, principalmente de carácter psicológico. Al igual que el abuso sexual, este es un asunto serio y debe terminar ya. Desafortunadamente, el sistema penal mexicano deja mucho qué desear en la regulación y sanción de las conductas de los menores de edad, quienes son los que más suelen ser quienes realicen estas prácticas.

9) ¿Quién usa cassettes en estos tiempos?

10) Sé amable, sé siempre amable. Yo sé que es muy cliché decirlo, pero de verdad que es necesario.

11) Hay quien dice que Hannah tenía problemas mentales. Yo, en lo personal, independientemente de todos los tipos de abusos que sufrió, podría decir que sí tenía ciertos issues que debían ser resueltos para tener un desarrollo emocional completamente sano. No obstante, es muy común decir que la gente que comete suicidio es gente que no estaba bien de sus facultades mentales, esto nos hace caer en el juego de “la culpa es de la víctima y no del violador”. La lucha por la prevención del suicidio no debe versar en hacerle ver a la víctima que el suicidio no es una opción, sino en que la víctima ni siquiera tenga que buscar opciones, que no haya víctimas, pues. Se debe evitar que existan personas que con cuyas conductas orillen a otras a buscar estas salidas.

12) A decir verdad, tengo un poco de miedo de que esta serie “glamourice” y haga ver como algo cool la práctica del suicidio en lugar de crear el efecto deseado de concientizar y prevenirlo, tal y como algunas asociaciones estadounidenses y australianas dedicadas a ello han manifestado recientemente. Puede sonar exagerado, pero no me sorprendería mucho sabiendo lo loco que está el mundo hoy en día.

13) Cuando nos encontramos frente a un momento difícil luego es muy difícil ver más allá de este. Sin embargo, todo mejorará, tiene que hacerlo. Siempre hay alguien dispuesto a escuchar, siempre hay alguien que estará ahí, siempre hay alguien que nos quiere, que nos ama y a quien amar. Siempre hay alguien dispuesto a dar todo por nosotros. Siempre hay algo por hacer, siempre hay algo más allá. Siempre. El suicidio no es una solución, ningún problema es tan grande como la vida misma.

 

La dolce vita pt. 4

MARZO 18

VENECIA, TANTAS VIDAS SIN VERNOS

Me levanto muy temprano por la mañana. Río al recordar la tremenda perdida que me había dado entre los callejones de Venecia para llegar al hotel la noche anterior. Tomo mi desayuno en la acogedora terraza del hotel. Me supieron mejor el lugar y mi alrededor tan pintoresco, vivía la dolce vita, ¿qué más podía pedir?

Llego a la Piazza San marcos y me estremezco por completo, se me eriza la piel en cuanto me dejo envolver por el lugar. La basílica es simplemente… indescriptible, es espectacular. Recorrí la plaza mientras veía mis alrededores, las construcciones, la gente, el ambiente, las palomas, estaba fascinado; Venecia me daba oficialmente la bienvenida de vuelta. Recuerdo mi visita anterior hace ya hacía 12 años, no me había impactado para nada como ahora mismo, pero sí lo había logrado lo suficiente como para querer volver.

Lo primero que hago es entrar a la basílica de San Marcos, una joya de la arquitectura bizantina, definitivamente el interior de esta no lo recordaba tan espectacular. No podía creer lo que veía. Quedé totalmente embelesado por la belleza y el brillo del dorado del lugar, ¿es real? Recuerdo que me pasó algo muy curioso. Hace 12 años que estuve aquí, al estar bajo el cielo dorado, sentí una especie de déjà vu impresionante, experimenté una seria sensación de “ya he estado aquí antes”. Raro, curioso, pero esta vez vuelvo a experimentar eso mismo, en este mismo lugar. No lo puedo explicar. ¿He estado aquí antes, en otra vida?, ¿Quién habré sido, qué habré hecho o qué me habrá pasado aquí como para haber experimentado lo mismo en con poco más de una década de diferencia? ¿Será por esto es que siempre he tenido una especial inclinación por Venecia?

Me dirijo a la parte de arriba en donde se encuentran los caballos (los que salen en la película de Inferno con Tom Hanks). Tal como sugiere la novela, los originales se encuentran en el interior para ser preservados y los que se encuentran fuera fueron hechos y colocados después.

Doy vuelta y veo desde donde me encuentro el Palacio Ducal, la Torre del Campanile y al fondo, el mar. Incluso el majestuoso mar pierde su encanto frente a Venecia. En ese momento pienso en mi prima Ana. Recuerdo que cuando supo que venía a hacer este viaje me dice lo siguiente: “no quiero que me traigas un souvenir, solo quiero que, cuando estés frente a una vista increíble, te acuerdes de mí, le tomas una foto y me la mandas”. Pues bueno Ana, esta vista es la que me recordó a ti (prometo que en vivo es mucho más espectacular).

Salgo de San Marcos y me dirijo al Palacio Ducal, aún sigo un tanto embriagado por la experiencia que viví ahí dentro. Bien, quien ha estado en este palacio seguramente sabe lo espectacular que es, qué majestuoso, qué riqueza. Además de toda esta extravagancia, de lo que más me impactó fue el conocer el Puente de los Suspiros. Debo reconocer que por mucho tiempo creí que aquel nombre se le atribuía a algo meramente romántico, cuando en realidad no es así (descarto mi plan de pasearme en góndola con el amor de mi vida y pasar por debajo de este). Resulta que el puente obtiene este nombre derivado de que las personas que eran encarceladas en el Palacio, pasaban a través de este y suspiraban sabiendo que quizás era la última vez que verían el mar. Suspiro. Qué fuerte.

Luego de salir del Palacio me pongo mi Ipod y recorro Venecia dejándome seducir por la magia de sus callejones, sus canales, las góndolas, la gente y las tiendas antiguas de plumas y máscaras. Mientras tanto escucho “I don’t wanna live forever” de Zayn Malik y Taylor Swift, la cual se volvió algo así como parte del soundtrack de mi viaje. Ahora cuando la escucho puedo sentir la brisa de Venecia golpeándome en la cara y sonrío como si estuviera de vuelta por ahí. Contrario a lo que la canción sugiere, en esos momentos me dan ganas de vivir para siempre. Todo para poder seguir viviendo experiencias como las que vivía en este viaje por toda la eternidad, I wanna live forever.


Recuerdo que en mi vez anterior por aquí, una de las cosas que más me enamoraron de Venecia fueron sus icónicas máscaras. Ya que iba en grupo, no me pude detener a mirarlas como hubiera querido. Esta vez, nada me lo impedía. Me maravillaba con cada aparador por el que pasaba y cada vez descubría alguna que me gustaba más que la anterior. Era como un niño chiquito que se pasea por una dulcería. Me encantaba imaginarme los callejones por los que me paseaba, un tiempo atrás, con gente deambulando con máscaras de un lado para otro. ¡Cómo me hubiera encantado estar ahí! O, ¿será que sí lo estuve?

Al principio pensaba en comprarme solo una máscara hasta que después decidí que me llevaría dos, solo tendría que escoger muy bien. En una de las múltiples tiendas a la que entré comienzo a platicar de lo más a gusto con la que atendía.

-Ti piace qualcuna?

-Il mio problema è che mi piacciono molte.

Ella se rió y me dijo que podía ayudarme a explicarme su significado y así esto podría ayudarme a elegir cuáles llevarme.

En fin, había cinco tipos de máscaras, de hombre, de mujer, la de la peste, del Casanova y del joker, cada una podía tener infinidad de combinaciones de colores, cada uno tenía un significado distinto: amor, pasión, sentimientos, fortuna. Sabiendo esto, decido comprarle dos, una de hombre y una de mujer. Más adelante, a otro vendedor terminé por comprarle la del Casanova y … más adelante… a otro más la de la peste. Sí, enloquecí un poco y terminé llevándome cuatro, el doble de lo que esperaba. La del joker no me la llevé porque me pareció un tanto creepy, sí, más que la de la peste.

Después de pasearme un rato más por los callejones de Venecia llego al Rialto, uno de los puentes más antiguos y bonitos de la ciudad, mismo que atraviesa el Gran Canal. En un momento me detengo en un bar y recuerdo que mi madre me había dicho de probar el famoso spritz, una bebida típica en Venecia hecha básicamente de vino blanco y agua mineral (aunque la receta ha ido variando y deformándose de acuerdo a cada bar o restorán en particular). Me doy cuenta que lo puedes pedir per strada o sea, para llevar, así que esto es lo que hago y me lo tomo mientras sigo deambulando por Venecia.

Luego de caer la noche voy a cenar a un lugar que se ve bastante acogedor y después me dispongo a ir hacia mi hotel. De camino hago una pausa y siento que alguien me llama.

-Italiano?

-Messicano. –respondo luego de comprobar que sí me hablaban a mí.

Se trataba de dos jóvenes poco más grandes que yo. Me empiezan a hacer plática y yo se las sigo al principio un poco temeroso, no esperas que dos extraños te saquen plática de la nada en plena noche en Venecia. Uno de ellos se llama Francesco y el otro Andrea, los dos son de ahí.

Sin darme cuenta terminamos sentados frente a una fuente platicando ya más avanzada la noche, cuando uno viaja solo agradece cualquier oportunidad para hablar con alguien, cada extraño se convierte en amigo increíblemente rápido. Andrea habla entre italiano e inglés, Francesco, quien resultó ser abogado como yo; solamente italiano. Les sorprende que hable el idioma así que les respondo como siempre que es mi idioma preferido, así como que mi familia materna viene del norte de Italia. Me preguntan mi apellido y me preguntan si soy pariente del escritor Silvio Pellico, a lo que respondo que sí. De hecho creo que de él heredé el amor por escribir.

Al tiempo que me doy cuenta de que se hace más tarde, ellos me dicen que se tienen que ir porque viven algo lejos.

-Un piacere.

-Arrivederci. –digo mientras les doy un apretón de manos y me dispongo a ir a mi hotel.

MARZO 19

ARRIVEDERCI AMORE, CIAO

Último día en Venecia y en Italia en realidad, no lograba concebir lo rápido que se me había pasado el tiempo. Empiezo a ordenar mi maleta para dejar todo listo y me doy cuenta de que algo falta.

-No puede ser. –no encontraba la medalla que le compré a mi abuela. –Damn, ¿dónde carajos está?

Termino de hacer mi maleta y la dejo en recepción al tiempo que hago el check-out. Salgo temprano y me dirijo al museo Peggy Guggenheim. Llego poco antes de que abran, así que deambulo cerca hasta que diera la hora. Me entretengo viendo a un artista pintar unos cuadros de Venecia. Me encanta su arte, así que decido comprarle uno y me dice que me lleve dos.

-Soltanto uno, grazie.

Empieza a insistirme en que me lleve dos, pero en verdad que no tengo dinero ni espacio en la maleta para llevarme dos y que lleguen sanos y salvos. -No, grazie. -Y ante mi negativa comienza a ponerse bastante agresivo y a decirme que no sé apreciar el verdadero arte. Empiezo a sentirme incómodo así que, con la pena, decido irme, ni ganas me quedan de comprarle algo.

Regreso al museo y a tes de entrar le tomo una foto a la puerta, ya que antes de venir Ben me dice que jamás pudo encontrarla, así que prometí mandarle una foto cuando la viera. ¡Aquí está!

Y bien… me dolió cada euro que pagué por el museo. Claro que habrá quien diga que cómo me atrevo a decir esto, pero no me gustó absolutamente nada de lo que vi. Lo único que me gustó fue un cuadro de René Magritte y unas casas increíbles que se veían desde las ventanas, justo del otro lado del canal, que claramente ni siquiera eran parte de la museografía.

Salgo del museo y me dirijo a la Chiesa Della Salute, una iglesia que fue construida luego de que la peste azotara Venecia. Luego continué caminando y me senté un buen rato a observar y admirar Venecia desde el otro lado. Respiro hondo y llega un momento zen, me encontraba realmente feliz y no solamente por el viaje en sí. Creo que a veces los viajes nos sirven para poder reflexionar sobre nuestra vida y analizarla desde fuera o desde lejos, como si fuéramos una tercera persona, y, por tanto, se vuelve más fácil valorarla o calificarla. Me doy cuenta de que soy afortunado de lo que tengo, doy gracias.

Luego de un rato me levanto y sigo caminando. Me percato de que ya ha pasado el medio día, así que ya es legal comprarme un spritz. ¿O no? Regreso a la Piazza San Marcos, la cual se volvió mi spot favorito en Venecia y me siento tranquilamente a observarla. Me acompaña mi canción, “Chasing Cars” mientras escudriño mi alrededor en total paz. Es curioso cómo todos, o al menos eso creo, tenemos un spot en cada lugar al que vamos. Luego de un rato me dispongo a callejonear un rato y hago un poco de shopping para mí y de algunos souvenirs.

Llego de un par de horas el sol comienza a ponerse, ha llegado la hora de partir. Respiro hondo. Dentro de mí parecen debatirse dos personas, la que no quiere irse de Italia jamás y la que está emocionada por ya irse al siguiente destino, París.

Voy por mi maletón al hotel y me dirijo a la parada del tren aún con esta mezcla de sentimientos dentro de mi cabeza. Italia había sido un magnífico sueño, de aquellos que luego de vivirlos te hacen no querer pedirle más a la vida. Fueron siete meses para planearlo y de pronto sentía que se iba en menos de siete segundos que dura mi suspiro. Volteo a un costado mientras atravieso un pequeño canal y veo la increíble puesta de sol, como si Venecia e Italia se pusieran sus mejores galas para darme la despedida. Suspiro mientras todo mi viaje se pasea frente a mis ojos. Ahora me hace mucho más sentido aquella frase de Guiseppe Verdi, “Podrás tener el universo entero si me dejas quedarme con Italia”. Vuelvo a respirar hondo.

-Espero no vuelvan a pasar 12 años para que vuelva a verte, arrivederci amore, ciao. –digo en un susurro y continúo con mi camino.

 

La dolce vita pt. 3

 MARZO 17

“IN VINO VERITAS”

Me pongo mi camisa blanca y encima mis nuevos tirantes azul marinos, me encantan, me encantan. Ya una vez listo recojo todo y procedo a hacer el check-out. Dejo mis maletas encargadas en recepción y luego camino hacia el Castelvecchio, el lugar en donde nos reuniríamos para el tour. Como siempre, llego puntual, demasiado puntual. Poco después llega Alessandro, nuestro guía. Nos presentamos y platicamos un poco mientras esperamos a los demás.

Al cabo de unos minutos llegan las otras dos personas que nos acompañarían al recorrido. Ellas eran dos amigas de UK con ascendencia india, así que tenían una mezcla cultural bastante interesante. Una de ellas era bastante atractiva, era guapa, esbelta y con aire sofisticado, la otra de ellas era un tanto más normal.

Nos subimos a la camioneta rumbo a nuestro primer destino. Mis dos compañeras se sientan en los asientos de en medio y yo en el asiento del copiloto para que Alessandro no se sienta como chofer y me lo agradece. Durante el camino cada uno se presentó y habló un poco de sí mismo.

Mexican, immigration lawyer, 25 years old. –respondo.

Luego de unos 30-40 minutos, llegamos a nuestro primer destino, Lago de Garda. Había mucha niebla, lo cual servía para hacer una especie de efecto con el que el agua y el cielo, ambos de un imponente tono de azul, se mezclaran volviendo imposible determinar dónde empezaba uno y dónde el otro. Los barcos varados a la distancia parecían flotar en la inmensidad como si de un sueño o una pintura surrealista se tratara.

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Algo tienen los lagos que me mueven mucho, casi como un atardecer. Me quedo un rato maravillado observándolo en silencio y luego de un rato se me une una de mis compañeras, la guapa, esbelta y sofisticada.

Beautiful, isn’t it? –me dice luego de un rato con su notorio acento británico

Amazing. –respondo embelesado

Can you please remind me your name? –me dice

Joaquín, and yours?

Shanwa. –me responde. En verdad no sé si así se llame, pero eso fue lo que entendí luego de que me lo repitiera tres veces y me dio pena volver a preguntar.

Alessandro y nuestra otra compañera se adelantaron y nosotros nos quedamos platicando un buen rato.

Are you traveling alone?

Yes. –respondo y ella se me queda viendo incrédula.

Why? –me pregunta llena de curiosidad

I needed it.

Are you escaping from something?… or from someone?

I guess that sometimes we travel not for escaping something, we travel so life doesn’t escape us. – quisiera que esta frase fuera mía, pero no lo es.

It looks like you travel a lot. –me dice luego de una pausa.

Creo que en realidad uno nunca viaja tanto como quisiera (salvo Adam Gallagher, él sí está cabrón, lo odio un poquito, pueden seguirlo en instagram en @iamgalla). Esto me lleva a explicarle cómo funciona el sistema de vacaciones en México y ella no paraba de mirarme desconcertada sin dar crédito a lo que escuchaba.

I’m sorry, but that’s terrible. –me dice como sintiendo pena por mí.

Yo río. –I know, it’s a terrible system. –Respondo mientras le dábamos alcance al resto del grupo. Y lo cierto es que sí, no es que sea la primera vez, pero me quedé reflexionando sobre el sistema de vacaciones en México y la verdad es que es terrible. Según estudios recientes que he analizado, en México somos de los países en donde más horas al día trabajamos, más días al año trabajamos y… menos productividad por día se registra. Nos falta aprender más de ese “Dolce Far Niente” que tanto he visto en este lugar. De verdad espero jamás perder este pensamiento.

Llegamos a la región de Bardolino, en donde estaba el primer viñedo al que iríamos. Nos recibió Myklo, un joven de Europa del este, que debía tener mi edad y nos dio un recorrido por el lugar. Nos enseñó los campos donde se siembran las uvas, los contenedores en donde las guardan y donde se llevan a cabo todos los procesos de fermentación, procesamiento, embotellamiento y demás, de lo más interesante.

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Más adelante nos conducen a unas mesas en donde nos piden que nos sentemos. Había llegado la hora de comer. Nos sirven un rissotto al vino tinto (claramente con el vino producido ahí) y nos sirven una copa. Se me hace agua la boca solo de recordar el sabor del risotto al tocar la lengua, el cual inmediatamente es sucedido por el sabor dominante y amaderado del vino, una belleza. Después nos sirven una carne deliciosa en salsa dulce que se partía como si fuera mantequilla y nos sirven otra copa para degustar un vino distinto. En fin, la comida fue toda una experiencia, un orgasmo al paladar enriquecida además por el estar en una mesa platicando con un italiano y dos británico-indias.

Nos levantamos y siento un poco el efecto del vino (nada grave la verdad). Vamos de vuelta a la camioneta y nos dirigimos a Valpolicella, la segunda región que visitaríamos. Me encantaba cómo se escuchaba Valpolicella cuando la decían, era no sé, como si la palabra se tratara por sí de una canción (como el italiano en general). Imagínenla en su cabeza: Val-po-li-ché-lllll (en italiano la doble “LL” se pronuncia como “L”, pero se pone la lengua en el fondo del paladar y se prolonga) –a. En fin, llegamos y el paisaje es verdaderamente espectacular, no puedo ni imaginarme cómo se vería en verano con las uvas en todo su esplendor entintando el horizonte de color vino.

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Nos recibe Marina, una italiana guapísima, quien con su familia, se encarga de trabajar esta región desde hace un par de generaciones atrás. Le respondo e italiano y se sorprende para bien.

-Parli italiano?

-Si.

-Benne, perchè?

-È la mia lingua preferita e la famiglia de mia mamma è italiana.

-Vero? Di dove?

-Da Piemonte.

-Ah, benne, allora, tu sei ritornando a casa.

Pude sentir una lagrimita Remy a punto de brotar cuando me dice eso. Yo le respondo con una sonrisa.

En fin, Marina nos muestra dónde almacenan el vino para el proceso de fermentación y luego nos conduce a una mesa al aire libre para que pasemos a degustarlo. El lugar me parece espectacular, muy acogedor, muy housy. Todo mi alrededor está pintado de distintos tonos de verde, no se escucha nada, salvo el sonido de los árboles que se chivean cuando los acaricia el viento, circula un olor a naturaleza virgen con unas pequeñas notas de vino tinto. Este me produce una sensación muy distinta al anterior.

Degustamos varios tipos de vino y la verdad es que no solo por el lugar, pero estos me gustan mucho más que los del anterior, incluso probamos uno para el postre que está hecho también con un poco de chocolate. Observo a Marina mientras habla del proceso de cada uno de los cuatro vinos que degustamos y vuelvo a mirar a mi alrededor. Esto sí que es La dolce vita, queso, salami, vino tinto, italiano escuchándose en el aire, naturaleza alrededor, dosis perfecta de sol, ni una preocupación, ¿qué más puedo pedirle a la vida?, ¿y si me quedo aquí para no volver?

-Bye Jack– me dicen Shanwa y su amiga, jamás pudieron pronunciar mi nombre así como yo el suyo, así que les dije que me dijeran Jack, que se supone que es Joaquín en inglés. Alessandro también se despide muy amable, nos damos un apretón de manos y yo… veo la hora y corro al hotel.

Llego 3:50 a mi hotel y mi tren a Venecia partía a las 4:20. El efecto de 8 copas de vino en mi organismo desapareció por completo.

-Un taxi! Per piacere!

Llega el taxi en cuestión de nada y me trepo en él como si fuera película de acción.

–Io ho un treno a Venezia alle 4:20, svelto, svelto!”

El taxista se muere de risa y acelera, ya ni Nicki Lauda.

-Non c’è problema. Si arriviamo.

Checo mi andén en la pantalla sin detenerme y llego justo a mi tren. Me trepo con mi maletón y al momento de sentarme se cierra la puerta. No podía creer que lo había logrado, el corazón me latía con fuerza.

Cuando tomé el tour sabía que igual perdía el tren a Venecia por la hora, pero me parecía absurdo no tomarlo por temer a no alcanzar el tren, de todos es el que más barato me había salido, así que en caso necesario compraría otro, ni modo, auque llegara más tarde a Venecia. Aún así me alegra no haberlo perdido. Suspiro y sonrío mientras pasan por mi cabeza las imágenes de Verona. Yo sé que Roma es Roma, pero en verdad que en Verona había sido muy feliz, de una manera muy distinta. Saco nuevamente a mi compañero “De animales a dioses” y me dispongo a leer.

Luego de poco más de una hora llegamos finalmente a Venecia. El sol apenas comenzaba a ponerse. Quería llegar a buena hora ya que era probable que fuera difícil encontrar mi hotel entre todos los callejoncitos de la ciudad, así que me alegraba no haber perdido el tren.

Y bien, así fue, me perdí. Me di una perdida marca diablo para poder localizar mi hotel. Pasó justo lo que no quería, deambular por los callejones de Venecia una vez que la oscuridad hubiera caído, cargado de maletas.

-¡Te estoy diciendo que por aquí ya pasamos! –le dice un joven español a su esposa mientras pasaban a mi costado. Incluso veo a una joven sentada en unos escalones con un par de maletas como yo mientras miraba a su alrededor desesperanzada.

Me detuve en un par de ocasiones a preguntarle a gente si eran venecianos, cuando me respondían que sí les preguntaba que cómo llegaba al hotel y les enseñaba la dirección. Siempre me daban alguna de las siguientes respuestas: (1) Non so come arrivare, (2) Non so come spiegarti, o (3) Attraversa tre ponti e dopo domanda un’altra volta. Claro que el panorama no era nada esperanzador.

Luego de un largo rato llegué finalmente, me emociono cuando veo una pequeña placa que decía “Locanda Fiorita” y veo el lugar pequeño y acogedor detrás, tal y como las fotografías en Booking.com lo sugerían.

Io stavo troppo perso. –digo al señor de recepción mientras irrumpo al lugar con una mezcla de risa y fatiga, los cuales llegaban luego de dejar ir a la desesperación. Doy gracias a un joven con el que me topé por el haber llegado a mi hotel, quien muy amablemente buscó mi destino en Google Maps y me dejó tomarle foto a todo el camino para poder seguirlo. De lo contrario, quién sabe qué hubiera hecho.

Me registro y sigo al hombre quien procede a indicarme cuál es mi habitación. Es pequeña, pero acogedora, me gusta, aunque de inmediato me doy cuenta de un pequeño detalle.

-E il bagno? Dove si trova? –así es, no tenía baño. Inmediatamente tengo un flashback a hace tres años cuando voy a mi primer hotel en New York en el que me enfrento ante esta misma situación y me rehúso por completo a compartirlo con un montón de “no-sé-quiénes”. Sorprendentemente (me sorprendo a mí mismo), esta vez no mi importa ni me molesta tener que compartir; madurez viajera, quizás.

Salgo del hotel decidido a perderme y dejarme hechizar por los callejones de Venecia, esta vez sin tanta maleta y con un mapa decente en la mano.

… continuará…

La dolce vita pt. 2

Marzo 15

“Pellico”

Me levanto a una hora un tanto más decente que los demás días y me dispongo a hacer mi maleta. Había llegado el momento de despedirme de Roma, sniff, sniff. Desayuno tranquilamente, disfruto al máximo esa panceta que tanto amé y luego procedo a hacer el check-out.

-Devo prendere un taxi per arrivare alla chiesa di Santa Maria Della Vittoria. –le digo al concierge, quien muy amablemente me ayuda a pedir un taxi para ir a ver lo último que tenía pendiente de ver en Roma antes de irme.

En esta iglesia se encuentra una de las esculturas más impactantes de Bernini, “El éxtasis de Santa Teresa” (la que sale en “Ángeles y Demonios)”. La había dejado hasta el final porque está cerca de la estación de tren. Mi taxi llega en breve y me subo en él con todo y mi maletón. Al cabo de unos minutos llego y el taxista me ayuda a bajarme junto con todo mi equipaje.

-No, no, no, no puede ser, no puede ser. –digo con gran frustración mientras subo los escalones y veo que la iglesia se encuentra cerrada. -¡No!- Esta escultura era uno de mis musts en el viaje.

Llego al portón con torpeza por cargar un maletón y dos pequeñas maletas y toco la puerta desesperadamente para ver si alguien adentro me escuchaba y se apiadaba de mí para dejarme entrar solamente para ver la escultura… no tuve éxito. Veo los horarios y esta abriría dentro de un par de horas y no podía esperar demasiado porque tenía un tren que tomar en breve. Me despido de la iglesia y de la escultura que no conocí con cierto pesar. Siento algo así como si me hubieran dejado plantado en una date (no me ha pasado). -¡Por qué me haces esto Santa Teresa!

Camino unas cuantas cuadras hasta llegar a la estación Termini para tomar el tren hacia Bologna. Había decidido parar ahí ya que me encontraría con unos tíos a quienes no conocía aún; estaba realmente emocionado. Mi tía Kristi es de Georgia, E.U.A. y mi tío Giovanni es italiano.

En el trayecto abro por primera vez el libro que me había comprado especialmente para mi viaje, De Animales a Dioses de Yuval Noah Harari. Este es un ensayo interesantísimo que hace un recorrido por toda la historia de la humanidad, desde cómo llegó el homo sapiens y cómo logró ser la única especie de humano que sobrevivió (según lo que propone), el descubrimiento del fuego, de la agricultura, el surgimiento de la religión, del estado, de la política, del machismo, del dinero, de las guerras, el arte, etc… hasta llegar a ser la humanidad como la conocemos hoy en día. Interesantísimo. El encontrarme tan atrapado en mi lectura hizo que el trayecto de dos horas casi ni se sintiera. De pronto ya me encontraba en Bologna, sonreí enormemente porque, a pesar de haber dejado Roma, mi aventura continuaba. Ya en la estación me dispongo a buscar a mi tía, con quien había acordado verme ahí.

Nos encontramos fácilmente y nos saludamos con calidez a pesar de ser la primera vez que nos vemos en persona. Nos dirigimos en dirección al centro de Bologna y no nos paraba la boca, como si nos conociéramos desde siempre. Llegamos al que sería mi Airbnb, el cual mis tíos me habían ofrecido e invitado con gran amabilidad cuando les dije que pasaría por Bologna porque quería conocerlos.

Dejo mis cosas y enseguida camino al corazón de la ciudad con Kristi, quien al andar me iba dando un tour de la misma. Me encanta la idea de conocer la ciudad junto con alguien que vive ahí. Gracias a ello conocí ciertos lugares o datos que uno no puede saber comprando una guía de Lonely Planet. Seguimos caminando hasta llegar a Piazza Santo Stefano, la plaza principal. Algo que resalta imperiosamente es la catedral de Bologna, la cual se erige como con cierto aire de superioridad entre el resto de las construcciones. Percibo de inmediato que es realmente hermosa pero… está como… incompleta.

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-As you may see, the cathedral is incomplete. –me dice mientras nos detenemos a observarla.

-Yes, indeed. Why? –respondo con curiosidad

En eso me explica que la razón de esto es porque cuando el papa de ese entonces conoce Bologna y ve la catedral en construcción, se da cuenta de que está quedando demasiado bonita. Entonces dice que ninguna catedral puede ser más hermosa que las de Roma, así que, así sin más, ordenó en ese instante la suspensión de la construcción.

-What!? -Sí, así como lo oyen. ¿¡Pueden creerlo!? Así que, sí, la obra quedó incompleta, no lo podía creer.

Al verla más de cerca me percato de que hay mucha seguridad por todo el lugar. En cuanto ella se da cuenta de que noto eso, me explica algo que me parece sumamente impactante (aún digería la razón por la que la catedral no estaba terminada). Me comenta que había habido ya varias amenazas por parte de grupos terroristas derivado de que dentro de la catedral hay una pintura en la que Jesucristo está lanzando a Mahoma al infierno. Tampoco lo podía creer, me pareció sumamente fascinante y a la vez intimidante.

-Do you want to see the painting?

-Do you really have to ask? –respondo como si fuera niño chiquito al que le preguntan si quiere un helado y, así, ambos nos adentramos en la catedral para conocer la pintura.

Debo reconocer que me causó mucha gracia esto, la verdad. Desafortunadamente no se podía tomar fotografías en el interior de la catedral para compartirles un poco más de esta historia. Aunque por otro lado me pregunto, ¿cómo reaccionaría la Iglesia si la situación fuera al revés?

Luego de tomarnos un espresso para combatir el frío que comenzaba a azotar el lugar, nos dirigimos a la Piazza delle Sete Chiese, donde más tarde nos alcanzó mi tío Giovanni.

-Un piacere famiglia! –me dice expresivamente.

-Un piacere! –respondo entusiasmado devolviéndole el apretón de manos.

Luego de este comencé a recorrer ahora las calles de Bologna con Giovanni mientras Kristi iba a ponerse algo más adecuado para combatir el frío que había llegado con cierta brusquedad, sin siquiera avisar.

Este rato me sirve para practicar mi italiano, toda vez que él no hablaba inglés, como buen italiano. Hablamos muy interesante de la vida en Italia y la vida en México. La verdad es que fue un rato muy agradable. Al viajar solo se vuelve reconfortante de pronto encontrar a alguien con quien intercambiar unas cuantas palabras. Luego de deambular por la ciudad conociéndola desde otra óptica, otros ojos, ahora con él, nos detenemos en un lugar para tomar una cerveza, en donde más adelante nos alcanzó Kristi.

Tras hablar un rato de la familia, de mi trabajo, de Trump, de Roma y más; me preguntan si tengo hambre, a lo cual respondo que sí, así que me dicen que me llevarán a cenar a un lugar que les gusta mucho a ellos de comida típica. Les respondo emocionado que me encanta la idea de probar un spaghetti a la boloñesa. Dicho esto, ambos se voltean a ver y se ríen. Yo trato de analizar si dije alguna imprudencia (cosa que casi no pasa) y me dicen que no existe el spaghetti a la boloñesa.

-What!? -Los miré perplejo, me sentía engañado. Resulta que este es un invento gringo y en Italia no lo hacen. Lo que sí existe es tagliatelle (mi pasta favorita) ale bolognese.

La cena estuvo de los más a gusto y fue sin duda uno de los highlights del viaje. Recuerdo este momento y lo hago con mucho gusto. Hablábamos cada uno de las peculiaridades de nuestro país y alternábamos la conversación entre el italiano y el inglés, lo cual fue un buen ejercicio para mí. En verdad no parecía que era la primera vez que nos veíamos. Comimos tanto que me es imposible enumerar aquí todo lo que pedimos; todo exquisito. Cuando nos íbamos me presentaron con unos amigos suyos que se encontraban en el lugar.

-Il nostro parente messicano.

-Messicano? Ma lui è tutto un Pellico!

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Me acompañan los dos a mi Airbnb y ahí Kristi me pregunta si me parece que nos viéramos mañana para conocer lo poco que nos faltó, a lo cual yo accedo con gusto. Aún sigo sin poder creer toda su amabilidad y su hospitalidad.

Marzo 16

“Cartas a Julieta”

Me despierto y observo mi alrededor mientras me estiro en la cama. Luego de la habitación diminuta muy à la europea de mi hotel en Roma, este Airbnb era como un palacio. ¡Cabíamos mi maleta y yo en el suelo al mismo tiempo! Me meto a bañar y voy a desayunar algo para encontrarme con Kristi a la hora que habíamos acordado.

Esta vez llega acompañada de Daniele, el menor de sus dos hijos, quien me saluda con cierta timidez y me agradece por su regalo (había olvidado mencionar que les llevé a todos regalos que llevaba de México, a mi tío una cartera tipo Pineda Covalín, a mi tía una blusa bordada por indígenas de Chiapas y a mis primos un balero y un trompo). Seguimos recorriendo lo que nos faltó de Bologna y conocemos las dos Torres Boloñesas, la Universidad y un pequeño canal que sigue cubierto de agua como si de una pequeña Venecia se tratara.

Luego de un rato llega el momento de despedirnos. Nos damos un fuerte abrazo y prometemos vernos pronto, ya sea de nueva cuenta en Italia o en México. Me volteo hacia atrás y los veo perderse se mi vista en cuanto doblan en la esquina. Respiro hondo. Bologna transcurrió fugazmente, casi como el suspiro que me acabo de echar. Me encantó haber conocido a parte de mi familia perdida, a la que solo conocía por redes sociales. En fin, así como ellos, yo también tomo mi rumbo y me dirijo a la estación de tren para tomar el que me llevará a mi siguiente destino: Verona. Nuevamente voy acompañado por mi excelente libro, por lo que el trayecto, un poco más largo que el anterior, vuelve a transcurrir fugazmente.

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Al llegar a la estación tomo un camión, el cual se supone que en unos 10 minutos me llevará al corazón de la ciudad, en donde se encontraba mi hotel también. Atravesamos las icónicas murallas de Verona y recuerdo aquella frase célebre de Shakespeare: “There is no world without Verona walls, but purgatory, torture, hell itself…”. Es curioso, pero cuando llego me invade una vibra muy distinta a muchos otros lugares en los que había estado en mi vida, en verdad. Verona me recibe con una particular calidez, como un abrazo de tu persona favorita, y una energía que desdeña mucha alegría, romanticismo y buenos deseos. Sonrío, sonrío y sonrío.

Dejo las cosas en el cuarto y antes de iniciar mi recorrido me acerco a la concierge. Me encuentro un tanto contrariado por lo que quería hacer al día siguiente así que le pido ayuda, se me antojaba hacer un tour por los viñedos cercanos a Verona ya que me encanta el vino y hacer un recorrido por la región del Veneto me llamaba mucho la atención. De igual manera se me antojaba conocer el Lago di Garda, el más grande de Italia y los pueblitos pegados a este. Como no me había decidido aún, no había reservado nada desde antes de hacer el viaje y pensé que lo mejor es que lo haría ya estando ahí. La concierge me dijo que no me preocupara, que ella investigaría todos los tours que hay para las dos cosas para tener opciones y en la noche que volviera al hotel podría decidir.

Luego de dejar las cosas en el cuarto me dirijo primeramente a la razón por la que decidí pasar por Verona; la casa de Julieta. Debo reconocer algo, desde que vi “Letters to Juliet” moría de ganas de venir, así que cuando planeé mi viaje a Italia, no podía dejar pasar la oportunidad. Después de pocas cuadras llego a mi destino. Me agito cuando veo un pequeño túnel sobre el cual reposa una placa que dice “Casa di Giulietta”. Sin esperar más, atravieso este pasadizo, cuyos muros se encontraban repletos de cartas y mensajes de amor escritos sobre estos.

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Finalmente llego a una plaza diminuta en donde resaltan la escultura de bronce de Julieta y a un costado, por encima de nuestras cabezas, el icónico balcón. Como fan de Shakespeare es imposible no emocionarse al encontrarse en ese lugar y no dejarse conmover por el ambiente tan romántico y apasionado que circula en la casa de Julieta, lugar que se ha vuelto punto de encuentro para todos los enamorados en el mundo.

Me acerco a la escultura de Julieta y, como no, procedo a realizar el famoso ritual que indica que uno debe sobarle la boob para tener buena suerte en el amor (cabe mencionar que esta era la única parte del cuerpo que tenía permitido tocar durante mi viaje). Era igual de entretenido ver a la gente cumplir este rito que el ver a uno que otro despistado que no tenía conocimiento de este y veía a los demás como si fueran (fuéramos) unos irreverentes y vulgares.

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Luego de esto entro a la casa de Julieta, la cual es un museo de cosas relacionadas con la famosa obra dramática de Shakespeare o pertenecientes a la época de estos dos amantes veroneses. Al final subo al famoso balcón y observo a la gente desde ahí para luego proceder a escribir mi carta a Julieta. La dinámica no funciona como en la película sino que se hace vía correo electrónico y no en papel. Al día de hoy, 11 de abril que escribo esto, aún no he tenido respuesta.

Luego de salir me dirijo a la Piazza Bra, misma que me recibió cuando llegué a Verona pero no había recorrido para poder llegar primero a mi hotel. Sobre esta se encuentra una construcción que resalta entre el resto, la Arena de Verona, misma que no solo nos recuerda al Coliseo Romano, aunque no tan grande e imponente, sino que también se dice que sirvió como inspiración para elaborar los planos del mismo.

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Recorro la Piazza y me detengo a curiosear en algunos puestitos situados sobre esta. Continúo caminando y atravieso las murallas de Verona en donde puedo ver una placa junto con un busto de Shakespeare en donde dice aquella frase de las murallas que mencioné unas cuantas líneas arriba.

Poco antes de llegar a mi siguiente punto encuentro una bella escultura nívea que fue un regalo de China para Italia, la cual representa la historia de Liang Shanbo y Zhu Yingati los llamados “Romeo y Julieta de oriente”. Sin afán de sonar cursi pienso que me parece terrible que en todo el mundo haya amores prohibidos. Lo peor es que no es cosa de hace siglos atrás, sino que a la fecha siguen existiendo. Sonrío ligeramente mientras ahondo en mi última reflexión, pero bueno, love knows no color, gender, race or religion. Me alegra saber que estoy del lado correcto de la historia.

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Finalmente llego a mi siguiente punto, La Tumba de Julieta. Aunque es sabido que estos dos amantes no existieron, en Verona existe este lugar que, según las descripciones dadas por Shakespeare de dónde fue depositada luego de su muerte, podría corresponder a este lugar. Además de lo anterior, este sirve también para rendirle homenaje a la obra inmortal.

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Recuerdo que reinaba un silencio y una solemnidad conmovedoras, como si ella en verdad se encontrara ahí. Incluso apagué mi IPod para volverme parte de esa atmósfera. Finalmente llego a la tumba de Julieta como tal, misma que es como una especie de sarcófago de piedra situada en medio de una sala iluminada por los rayos de sol que se atravesaban. A un costado leo una hermosa frase de Shakespeare perteneciente al Quinto Acto, Escena III de la obra: “¿Una tumba? ¡Oh, no; es una linterna! Porque aquí descansa Julieta, y su belleza transforma esta cripta en un salón de fiestas, radiante de luz.” 

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Quizás podrá parecerles exagerado, pero el encontrarme ahí en “La Tumba de Julieta” y leer esa frase me conmovió bastante, me movió mucho en realidad. Fue… no sé, una experiencia muy bonita. Sentí como si en verdad el lugar se iluminara por la belleza de Julieta y no por los rayos de sol que se colaban con serenidad como si también rindieran homenaje a la hermosura de esta joven. La verdad es que sí, fue una experiencia hermosa, trágica pero hermosa, tal como “Romeo y Julieta”.

Me encuentro de nueva cuenta dentro de las murallas de Verona. Entro a una tienda que me llama la atención y opto por comprarme unos tirantes. Tenía ganas desde hace tiempo de comprarme unos. Sigo caminando después y llego a Piazza delle Erbe, una plaza bastante acogedora y bonita, la más antigua de la ciudad.

Me paseo entre los restoranes que se asoman a esta y me llama la atención uno de estos por su nombre, “La teta di Giulietta”. Me pongo a leer el menú y me decido por este. Me atienden con bastante calidez y opto por pedir mi agua San Pellegrino (mi fascinación), una copa de vino rosado y una pizza Diavola, con pepperoni picante. Debo decir que esta es la mejor pizza que comí en todo Italia, sin duda alguna.

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Llego al hotel y saludo a la concierge, quien me recibe con mucha emoción.

-Io ho buone notizie!

-Dirmi. –respondo emocionado. Resulta que se dio a la tarea de investigar sobre los tours que me había dicho y encontró uno que incluía una visita a dos viñedos distintos y… a… ¡Lago di Garda!

Accedo sin pensarlo y ella procede a hablar para registrarme.

-Ciao, Alessandro? Il signore Capetillo conferma per domani.

Me esperaba un excelente día, de eso estaba seguro.

… continuará…